¿Qué es el neuromarketing? Tipos y técnicas

¿Qué es el neuromarketing? Tipos y técnicas

Si has llegado hasta aquí buscando entender qué es el neuromarketing, te voy a hablar de ello desde la experiencia directa.

He estudiado Marketing en la URJC, complementado con un Máster en Comportamiento del Consumidor y he tenido la suerte de formar parte de equipos de investigación en proyectos reales de neuromarketing. Uno de ellos fue Emociones a través del arte, con el Museo Thyssen y Quirónsalud. Otro, La ciencia de lo que se cuece en la cocina, con IKEA, la Sociedad Española de Neurología y el CIBEROBN. Ambos en colaboración con la Universidad Rey Juan Carlos.

Y lo que puedo decirte desde ahí es que el neuromarketing es un campo caro, complejo pero siempre impresionante. 

También es uno de los pocos que tiene respuesta empírica para la pregunta más vieja del marketing: la que John Wanamaker formuló hace más de un siglo cuando dijo que la mitad del dinero que gastaba en publicidad se desperdiciaba, pero que el problema era que no sabía cuál mitad. El neuromarketing está, poco a poco, resolviendo eso.

¿Qué es el neuromarketing?

El neuromarketing es la rama del marketing que aplica la neurociencia a su actividad. 

Dicho de otro modo: utiliza herramientas y metodologías procedentes de la neurociencia para entender cómo responde el cerebro del consumidor ante estímulos, ya sean anuncios, envases, precios, experiencias de compra o cualquier otro elemento de marketing.

La gracia de esto, y lo que lo diferencia de la investigación de mercados tradicional, es que no pregunta. Mide. No depende de lo que el consumidor dice que le gusta o que haría, sino de lo que su cerebro, su mirada o su piel revelan sin que él lo controle. Y esa diferencia es brutal.

¿Quién es el padre del neuromarketing?

Esta pregunta tiene respuesta corta y respuesta larga. La corta es que depende de qué entendamos por padre.

El término en sí fue acuñado académicamente por Ale Smidts en 2002, un profesor universitario que lo utilizó para describir formalmente la aplicación de la neurociencia al marketing. Antes de eso, el Dr. Gerald Zaltman de Harvard ya había desarrollado en los años 90 el ZMET (Zaltman Metaphor Elicitation Technique), una de las primeras técnicas sistemáticas de esta disciplina. Y David Lewis también es reconocido por algunos como pionero al estudiar respuestas cerebrales a estímulos publicitarios en aquella misma época.

Pero si hablamos del nombre que lo popularizó masivamente, ese es Martin Lindstrom. Su libro Buyology, publicado en 2008, es el responsable de que mucha gente —yo incluido— cayera en este agujero de forma irremediable. Lindstrom llevó resonancias magnéticas funcionales a estudios sobre marcas y publicidad y lo contó de una forma que te atrapa desde la primera página. Personalmente, Buyology es uno de esos libros que te cambian la perspectiva

Me lo acabé en un fin de semana y lo he releído varias veces. Si solo pudieras leer uno sobre marketing, este sería el mío sinnn duda.

¿Qué diferencia hay entre marketing y neuromarketing?

El neuromarketing no es una alternativa al marketing. Es una rama dentro de él, normalmente vinculada a la fase de investigación. Pero si se aplica bien, su utilidad va mucho más allá.

Pensemos en las otras tres grandes fases del marketing, además de la investigación:

En el marketing estratégico, el neuromarketing sirve para decidir hacia dónde ir. Permite identificar qué emociones, valores o asociaciones conectan realmente con el consumidor antes de comprometer presupuesto en una dirección. No lo que dice en un focus group, sino lo que activa en su cerebro.

En el marketing operativo, sirve para optimizar qué hacemos y cómo lo hacemos. Permite comparar versiones de un anuncio, un envase o una experiencia de compra y saber cuál genera mayor activación, atención o intención de compra antes de lanzarlo al mercado. Es el equivalente a un test A/B, pero leyendo el cerebro en lugar de medir clics.

En la fase de control, sirve para evaluar si ha funcionado. No solo si ha vendido más, sino por qué ha vendido más, qué elementos concretos generaron impacto y cómo replicarlo o mejorarlo en la siguiente campaña.

¿Qué relación tiene con la psicología y el marketing emocional?

Los tres comparten terreno porque los tres trabajan con procesos que ocurren dentro del cerebro consumidor, pero cada uno lo hace desde un ángulo distinto.

El neuromarketing se centra en la medición objetiva de la activación: qué zonas del cerebro se activan, cómo se mueven los ojos, qué expresa la cara, cuánto suda la piel. Trabaja con datos biométricos.

La psicología del marketing se enfoca en cómo el consumidor percibe, interpreta, siente y decide ante estímulos comerciales o comunicativos. Es más conceptual, más cognitiva, y no necesariamente requiere instrumentación.

El marketing emocional sería una parte de esa psicología del marketing: el estudio específico de cómo los sentimientos se combinan con las decisiones de compra y cómo las marcas pueden trabajar esa dimensión de forma estratégica.

Los tres se complementan. Y en la práctica, muchos de los estudios de neuromarketing beben de los tres.

Bases y principios del neuromarketing

Lo que estudia el neuromarketing son activaciones biométricas: respuestas del sistema nervioso que ocurren antes, durante o después de que el consumidor se exponga a un estímulo comercial. Esas respuestas son objetivas, difíciles de falsear y, en muchos casos, más predictivas del comportamiento real que cualquier encuesta.

Pero junto a esa capacidad analítica viene una responsabilidad que no se puede ignorar: la ética. Cuando eres capaz de medir lo que una persona siente o prefiere antes de que ella misma lo sepa, la pregunta de para qué y cómo se usa esa información se vuelve urgente. En los proyectos en los que he participado, los comités de ética son parte del proceso desde el principio, no un trámite al final.

Las bases científicas: ¿qué partes del cerebro utiliza?

El neuromarketing trabaja con el cerebro en su conjunto, aunque según qué se quiera medir, unas regiones resultan más relevantes que otras.

Estudios, como el de consumer neuroscience han mostrado que las señales neurales obtenidas mediante fMRI pueden aportar información predictiva sobre la preferencia del consumidor. En esta línea, Chan et al. (2019) observaron que la similitud neural en el lóbulo temporal, la unión temporoparietal y el cerebelo se asociaba con la preferencia y el recuerdo de estímulos audiovisuales, como anuncios televisivos y tráilers. Estos resultados sugieren que distintas regiones cerebrales pueden aportar información sobre procesos como la integración sensorial, el procesamiento emocional, la atención o el engagement ante contenidos comerciales.

Una de las métricas más utilizadas en estudios con EEG es la llamada asimetría frontal alfa, que compara la actividad eléctrica entre el hemisferio frontal izquierdo y el derecho.

La lógica es la siguiente: cuando hay mayor activación en el hemisferio frontal izquierdo, se asocia a una tendencia de aproximación, interés y motivación positiva hacia el estímulo. Cuando predomina la activación en el hemisferio frontal derecho, se asocia a retirada, rechazo o menor afinidad. 

Es una forma relativamente accesible de detectar si un estímulo publicitario o un producto genera atracción o repulsión, incluso cuando el propio sujeto no lo verbaliza con claridad.

Principios básicos del neuromarketing

Lo que más me gusta del neuromarketing, y lo que creo que lo hace especialmente valioso, es que se rige por la ciencia. No es posible vender humo en neuromarketing de la misma forma que en otras ramas del marketing. Si alguien presenta resultados falsos o interpretaciones forzadas, es más fácil desmontarlo aquí que en casi cualquier otra rama del marketing, porque los datos son medibles, replicables y verificables.

Eso no significa que todo lo que se presenta como neuromarketing lo sea de verdad. Hay mucho contenido de divulgación que exagera o simplifica en exceso. Pero la disciplina en sí, bien aplicada, tiene una solidez metodológica que pocas ramas del marketing pueden presumir.

Y luego está la ética, que en este campo es genuinamente relevante. Si en marketing siempre importa cómo tratas al consumidor, en neuromarketing, donde puedes anticiparte a su decisión antes de que él mismo la tome, esa responsabilidad se multiplica. En los experimentos bien conducidos siempre participan comités de ética y los participantes dan su consentimiento informado. Pero más allá de los laboratorios, los consumidores también somos responsables de exigir que se cumplan esos estándares cuando las marcas aplican estas técnicas fuera del entorno académico.

Técnicas y herramientas del neuromarketing

Hay multitud de herramientas disponibles, pero no todas tienen el mismo nivel de profundidad, precisión ni coste. Algunas requieren laboratorios especializados y presupuestos elevados. Otras están empezando a democratizarse y son cada vez más accesibles para equipos con menos recursos. Te cuento las principales con las que he trabajado o que forman parte habitual de cualquier estudio serio.

Herramientas tecnológicas: EEG, eye-tracking, fMRI y más

EEG (Electroencefalograma). Registra la actividad eléctrica del cerebro a través de electrodos colocados en el cuero cabelludo. Su gran ventaja es la resolución temporal: permite capturar lo que ocurre milisegundo a milisegundo, lo que lo hace muy útil para analizar la respuesta cerebral a estímulos concretos con una precisión casi inmediata. Es la herramienta con la que trabajamos en el proyecto La ciencia de lo que se cuece en la cocina con IKEA, y debo decir que ver los datos en tiempo real mientras un participante interactúa con un estímulo es una experiencia que no se olvida.

Eye Tracking. Registra hacia dónde mira el sujeto, cuánto tiempo fija la mirada en cada punto y en qué orden recorre visualmente un estímulo. Permite construir mapas de calor que muestran qué elementos de un anuncio, un lineal o una web capturan atención y cuáles pasan desapercibidos. Es especialmente útil para optimizar el diseño de packaging, publicidad exterior y entornos de punto de venta.

Facial Coding. Analiza las microexpresiones faciales para identificar las emociones que genera un estímulo. Su relevancia práctica está creciendo mucho porque empieza a democratizar el acceso al neuromarketing: es menos invasivo, más fácil de implementar a escala y no requiere laboratorio. Eso sí, se recomienda combinarlo con otras herramientas de neuroimagen para obtener resultados más robustos, porque la expresión facial captura emoción pero no siempre explica por qué.

Respuesta galvánica de la piel (GSR). Mide los cambios en la conductancia eléctrica de la piel, que varían con el nivel de sudoración. Como la activación emocional produce sudor, incluso en cantidades imperceptibles, esta herramienta es un indicador fiable de arousal, es decir, del nivel general de activación o excitación que genera un estímulo. No distingue bien entre emociones positivas y negativas, pero combinada con otras herramientas es muy informativa.

Y luego está el santo grial: la fMRI (Resonancia Magnética Funcional). Mide los cambios en el flujo sanguíneo del cerebro, lo que permite identificar qué regiones se activan ante cada estímulo con una precisión espacial muy superior al EEG. Es cara, requiere infraestructura hospitalaria y el participante tiene que estar tumbado e inmóvil dentro de un tubo, lo cual no es exactamente el contexto ideal para replicar una experiencia de compra real. Pero sus resultados son extraordinariamente potentes.

Un estudio de Kühn et al. (2016), publicado en NeuroImage, es uno de mis favoritos para ilustrarlo. 

Se presentaron seis versiones distintas de anuncios de un producto a participantes dentro de un escáner de fMRI. Las predicciones del escáner sobre cuál generaría más compras resultaron ser superiores a las preferencias declaradas por los propios participantes: la resonancia predijo un 33% más de compra real que las encuestas. Y, lo que es aún más llamativo, el anuncio que peor vendió en la realidad fue el que los participantes eligieron conscientemente como favorito. Un recordatorio brutal de por qué lo que decimos y lo que hacemos no siempre coincide.

Yo mismo hice una estimación del coste de ese estudio y podría haber rondado los 25.000 dólares, quizá más. No es accesible para todo el mundo ni proyectos, pero el valor informativo que aporta es difícil de igualar con cualquier otra metodología.

Técnicas analíticas en neurociencia aplicada

Tener los datos es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es saber qué hacer con ellos.

Una de las aproximaciones más potentes es el análisis temporal de la respuesta cerebral, que consiste en estudiar cómo evoluciona la activación milisegundo a milisegundo mientras el sujeto se expone a un estímulo. Esto permite identificar en qué momento exacto de un anuncio se produce el pico de atención, cuándo aparece la activación emocional y cuándo el cerebro empieza a desconectar. Con esa información, un equipo creativo puede rediseñar los primeros segundos de un spot o reordenar los elementos visuales de un packaging con una precisión que ningún focus group puede ofrecer.

Otra técnica habitual es el análisis de conectividad funcional, que examina cómo se comunican entre sí distintas regiones del cerebro durante la exposición a un estímulo. No se trata solo de saber qué zona se activa, sino de entender qué conversación está teniendo el cerebro consigo mismo: si la emoción y la memoria están trabajando juntas, si hay conflicto entre la respuesta afectiva y el razonamiento consciente, o si el estímulo está generando la integración cognitiva que facilita la toma de decisión.

Y luego están los mapas de activación y los heatmaps, tanto cerebrales como de atención visual, que permiten visualizar de forma intuitiva dónde se concentra la respuesta del consumidor. Son especialmente útiles para comunicar resultados a equipos creativos o de negocio que no tienen formación neurocientífica pero necesitan tomar decisiones basadas en esos datos.

Estímulos para llegar al consumidor

El neuromarketing parte de una premisa que la psicología lleva décadas confirmando: la mayor parte de las decisiones de compra se procesan antes de que seamos conscientes de ellas. El impulso emocional llega antes que el razonamiento. Y eso significa que los estímulos que impactan primero no son los argumentos racionales, sino los sensoriales.

Los tres grandes canales sensoriales que el neuromarketing trabaja son el visual, el auditivo y el kinestésico, que incluye el tacto, el olfato y el gusto. Cada uno activa respuestas distintas y utiliza herramientas diferentes para ser medido, pero todos comparten algo: actúan por debajo del umbral de conciencia del consumidor.

El umbral de activación es el punto a partir del cual un estímulo genera una respuesta detectable. Lo interesante es que ese umbral no es fijo: varía según el contexto emocional del consumidor, su familiaridad con la marca y la intensidad del estímulo. Entender cómo manejar ese umbral, cómo diseñar estímulos que lo alcancen de forma consistente y ética, es uno de los objetivos más prácticos del neuromarketing aplicado.

Tipos de neuromarketing

Clasificar el neuromarketing depende de qué tomemos como referencia. Si nos fijamos en la técnica empleada, podemos distinguir entre estudios con neuroimagen cerebral directa (como EEG o fMRI) y estudios sin ella, que se apoyan en respuestas periféricas como el eye-tracking, el facial coding o la respuesta galvánica. Si nos fijamos en el canal sensorial que se estudia, la clasificación más extendida es la que diferencia entre neuromarketing visual, auditivo y kinestésico.

Canales sensoriales: visual, auditivo y kinestésico

Neuromarketing visual. Es el más desarrollado y utilizado. Estudia cómo el cerebro procesa los estímulos que entran por la vista: colores, formas, movimiento, disposición de elementos en un espacio. Las herramientas principales son el eye-tracking, que permite trazar recorridos visuales y mapas de atención, y la fMRI, que identifica las regiones de la corteza cerebral implicadas en el procesamiento visual y emocional de esos estímulos.

Neuromarketing auditivo. Analiza el impacto de los estímulos sonoros: música, voces, efectos, silencios. El EEG es especialmente útil aquí porque permite capturar la respuesta cerebral en tiempo real mientras el participante escucha, identificando picos de activación emocional o atención ante elementos concretos de un audio. Hay estudios fascinantes sobre cómo la música de fondo en un punto de venta influye en el tiempo de permanencia y en el ticket medio.

Neuromarketing kinestésico. Abarca los sentidos restantes: tacto, olfato y gusto. Es el menos estandarizado metodológicamente, pero también el que produce algunos de los hallazgos más sorprendentes, porque estos sentidos tienen una conexión especialmente directa con la memoria emocional. La respuesta galvánica y el facial coding son las herramientas más utilizadas en este ámbito, aunque combinadas con EEG cuando el presupuesto lo permite.

Aplicaciones y ejemplos reales

Cómo utiliza Coca-Cola el neuromarketing

El ejemplo más citado en neuromarketing, y con razón, es el que enfrentó a Coca-Cola con Pepsi. El estudio, que en realidad fue orquestado por Pepsi, partía de un hallazgo incómodo para la primera: en pruebas a ciegas, los consumidores preferían el sabor de Pepsi de forma consistente. Hasta ahí, victoria de Pepsi en el laboratorio.

Pero cuando los investigadores repitieron el experimento dentro de un escáner de fMRI y revelaban la marca antes de que el participante bebiera, algo cambiaba radicalmente. Al ver el logo de Coca-Cola, se activaban regiones del cerebro asociadas a la memoria, la identidad y la emoción. El cerebro no solo estaba procesando un sabor: estaba procesando años de publicidad, de recuerdos, de asociaciones culturales. Y esa activación era suficiente para que la preferencia consciente se decantara por Coca-Cola.

Es, a mi juicio, uno de los ejemplos más bonitos de cómo el marketing bien hecho no vende un producto. Vende algo mucho más poderoso: un sentimiento. Y el neuromarketing fue la herramienta que lo demostró con datos.

Qué empresas usan neuromarketing

La restricción más clara para acceder al neuromarketing es el presupuesto. No es una disciplina democrática, al menos no todavía en sus versiones más potentes.

Un estudio con fMRI como el de Kühn et al. que comentaba antes puede rondar los 25.000 dólares, quizá 35.000 si sumamos el diseño experimental, el análisis de datos y los honorarios del equipo. Incluir esa tecnología está al alcance de grandes corporaciones o de proyectos con financiación académica o institucional, pero no de la mayoría de empresas medianas.

El EEG rebaja significativamente ese ticket. El facial coding y la respuesta galvánica lo rebajan aún más y están empezando a democratizar el acceso a la disciplina de una forma que hace diez años era impensable.

Por eso las empresas que usan neuromarketing son más diversas de lo que parece. Están las grandes multinacionales como IKEA, con la que participé en el proyecto La ciencia de lo que se cuece en la cocina, o empresas tecnológicas como Microsoft. Pero también hay proyectos que a priori no parecen candidatos obvios, como el que desarrollamos con el Museo Thyssen, Emociones a través del arte, en el que aplicamos herramientas de neuromarketing para estudiar la respuesta emocional de los visitantes ante obras de arte. El neuromarketing llega donde hay curiosidad y metodología, no solo donde hay presupuesto millonario.

Cómo se aplica en las ventas

Como ya hemos visto a lo largo de este post, el impacto del neuromarketing en las ventas no es teórico. El estudio de Kühn et al. demostró que la activación cerebral medida con fMRI predijo el comportamiento de compra real con mayor fiabilidad que las preferencias declaradas por los propios participantes. Eso tiene implicaciones directas para cualquier decisión comercial: qué anuncio lanzar, cómo diseñar el punto de venta, qué elementos del packaging destacar o en qué orden presentar las opciones al consumidor.

La clave no es solo saber que algo funciona, sino entender por qué funciona a nivel neurológico. Esa comprensión permite replicarlo, escalarlo y mejorarlo, que es exactamente lo que diferencia una estrategia de ventas fundamentada de una que simplemente tuvo suerte.

Debilidades y limitaciones del neuromarketing

Si tuviera que señalar la gran limitación del neuromarketing, sería una sola: la accesibilidad.

Necesita presupuestos elevados, personal altamente cualificado tanto en neurociencia como en marketing, infraestructura técnica específica y, en los estudios más rigurosos, la participación de comités éticos que alargan los tiempos. No es algo que se improvisa ni que escala fácilmente.

Pero como debilidades intrínsecas a la disciplina, tiene pocas. Y las que tiene son las mismas que cualquier ciencia joven: bases metodológicas todavía en consolidación en algunos de sus ámbitos, cierta variabilidad entre estudios cuando las muestras son pequeñas, y el riesgo permanente de que la divulgación simplifique en exceso y genere expectativas desproporcionadas.

Lo que no es una debilidad es su eficacia. Los resultados empíricos acumulados en las últimas dos décadas son sólidos y cada vez más consistentes. Pronostico décadas muy prometedoras para esta disciplina, especialmente a medida que herramientas como el facial coding o el EEG portátil sigan abaratándose y haciéndose más accesibles.

El neuromarketing no ha resuelto aún del todo la pregunta de qué mitad del presupuesto será la que no se tira. Pero es, con diferencia, la herramienta que más se está acercando a hacerlo.

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